Una pelota espera ahora a Urko al final de la jornada. Ya no tendrá que atravesar montañas, buscar entre escombros ni seguir rastros durante horas para encontrar a una persona desaparecida. Después de siete años de servicio y decenas de operaciones de búsqueda en diferentes regiones del país, este pastor belga terminó su carrera como perro rescatista del Ejército Nacional y comenzó otra vida junto al hombre que lo acompañó durante todos esos años.
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Su despedida ocurrió en la Plaza de Armas del Batallón de Ingenieros de Atención y Prevención de Desastres N.° 80, en el Fuerte Militar de Tolemaida. Allí, los soldados rescatistas formaron una calle de honor para verlo pasar por última vez como integrante de la institución. Hubo aplausos y, entre quienes participaron en la ceremonia, estaba el soldado profesional Víctor Andrés Barragán Valderrama, su único guía durante su carrera.
Urko aprendió a trabajar siguiendo sus señales. Barragán, a su vez, aprendió a interpretar las del canino. Esa relación se puso a prueba en operaciones en las que detrás de cada búsqueda había una familia esperando saber qué había ocurrido con uno de los suyos.
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“Detrás de una búsqueda hay mucho más que una orden y un perro que comienza a rastrear. Hay entrenamiento, sacrificio, disciplina, cansancio, incertidumbre y, muchas veces, familias esperando una noticia, una respuesta. Nuestro trabajo consiste en llevar esperanza cuando todavía existe una posibilidad y llevar certeza cuando la búsqueda termina”, dijo Barragán durante la ceremonia.
Urko recorrió buena parte del país. Estuvo en el páramo de Sumapaz tras el rastro de un hombre arrastrado por una creciente; participó en operaciones en La Argentina, Huila, y fue desplegado en el cerro Quininí para buscar a un adulto mayor reportado como desaparecido.
Una de sus búsquedas ocurrió durante el Viernes Santo de 2024. Tres jóvenes se habían perdido en inmediaciones de Monserrate, en Bogotá, y Urko fue llevado hasta la montaña para sumarse a las labores. Después del rastreo, los jóvenes fueron localizados en un cerro cercano.
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Su olfato volvió a ser requerido en junio de 2025, cuando un sismo de magnitud 6,5, con epicentro en los municipios de Paratebueno y Medina, Cundinamarca, obligó a desplegar equipos de búsqueda y rescate. Urko estuvo entre los caninos enviados a la zona para apoyar las operaciones.
También participó en búsquedas en La María, Boyacá, y en diferentes ejercicios y simulacros destinados a mantener su capacidad de rastreo. Cada misión comenzaba de manera similar: Barragán daba la señal y Urko empezaba a buscar. Lo que encontraba al final podía cambiar la espera de una familia.
Su última operación llegó en Pereira, luego del sismo que estremeció al país el pasado 10 de agosto. Allí volvió a trabajar entre los equipos desplegados para la búsqueda, localización y recuperación de víctimas. Fue la última vez que salió a una emergencia como integrante del Ejército.
Fuera de las operaciones, sin embargo, Urko tenía otra rutina. Quienes trabajaron con él recuerdan que durante las búsquedas permanecía concentrado en las instrucciones de su guía. Cuando terminaba el ejercicio, cambiaba el rastreo por una tarea distinta: encontrar su pelota y jugar.
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Por eso, su salida del Ejército tampoco significará una separación. Barragán también culmina su etapa de servicio y tomó una decisión: adoptar a Urko. El binomio que durante años entró junto a zonas de emergencia seguirá ahora fuera de ellas.
Ya no habrá una orden que indique dónde buscar ni una emergencia esperando al otro lado del camino. Urko se irá a casa con el mismo hombre cuya voz aprendió a reconocer durante ocho años. Barragán, por su parte, se llevará al compañero con el que recorrió montañas, escombros y terrenos en los que alguien esperaba una respuesta.
En Tolemaida, aquella última calle de honor cerró su paso por las filas. Del otro lado lo espera una rutina distinta. Esta vez, cuando Urko encuentre su pelota, no habrá una nueva misión después.
Redacción Justicia
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