Diego Vélez estaba en un hotel de Pereira cuando sintió que se lo iba a tragar la tierra. Salió corriendo y estando en la calle vio cómo se le venía encima esa edificación que hoy ya no existe. La que era su casa fue removida con ayuda de máquinas y la última imagen que quedó de ella fue la de una lavadora colgando de un cuarto piso junto a varia ropa extendida en ganchos.
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Aunque en medio de su recorrido alcanzó a sacar a una señora atrapada en unas latas, no resistió el impacto e instantes después falleció. Con la misma suerte corrió el barbero que estaba en el hotel, solo que él quedó enterrado al fondo de la construcción y su rescate tardó dos días.
A una cuadra, en la que el sol pega más fuerte porque ya no está la sombra que daba el hotel, mientras Diego corría, Luis Alfredo Boscán terminaba de descargar gaseosas junto a su compañero en una bodega contigua a su casa. El camión en el que se movía quedó destruido y la posibilidad de que vuelva a manejarlo es casi que nula. Cree que su jefe podrá hacer algo para recuperar la inversión del vehículo, aunque resalta que estaba asegurado contra todo, menos contra daños por un terremoto.
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Su cara lo dice todo. Sentado en un pedazo de pared de la que sobresalen varillas oxidadas, ve hacia las ruinas del hotel en el que estaba Diego y cuenta que lo único que pensó fue que sus hijas alcanzaran a salir con vida del cuarto piso en el que estaban.
“Da tristeza de lo que está pasando por Pereira. Ya teníamos el camión descargado cuando de repente empezó a temblar y salimos todos hacia la calle. Cuando vimos que le cayó la viga al camión fue muy triste”, asegura.
Para él lo material no es lo más importante, aunque le preocupa que el camión no era de la empresa sino de su jefe. Trabajan de manera tercerizada y no sabe si la compañía de gaseosas les ayudará reconociéndoles algo.
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Si Diego y Luis Alfredo se encontraran en la esquina de sus casas, alcanzarían a ver dónde vive Olivia López. Madre cabeza de hogar, durmió la primera noche en la calle porque tenía temor a perder lo que tanto tiempo le costó construir. Entre el lunes del terremoto y el martes del asombro, a sus hijos los mandó a dormir donde amigas para poder quedarse a cuidar lo poco que le queda en pie.
“Me puse a luchar, a organizar porque la casa quedó totalmente inhabitable. Hay demasiados niños en esta zona y eso lo entristece a uno, nos tienen olvidados. Somos mamás verracas”, relata Olivia entre lágrimas.
Su casa quedó con parte del techo desplomado, sus paredes están al borde del colapso y caminar por los pasillos deja la sensación de como si se pisara gelatina. La difícil situación es la misma en su trabajo. Labora en el restaurante de al lado, conocido en la zona como Lunita, y el martes no abrió porque también resultó afectado.
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Los tres se pusieron a salvo y evacuaron a sus seres queridos en 90 segundos. Eso es lo que duró el terremoto más devastador de este siglo en Colombia. En Pereira, la ciudad más golpeada del Eje Cafetero, uno de los puntos críticos es los alrededores del parque La Libertad. Allí es que viven Diego, Luis Alfredo y Olivia. Hoy son la cara de una tragedia que deja a más de 280 muertos y un sin fin de preguntas a las que tal vez con el tiempo se les dé una respuesta.
Los hoteles
“Increíble cómo cambia la vida, ¿no?”, “¿por qué no alcanzó a salir el barbero?”, “cómo voy a hacer con mis hijos?”, “¿se imagina que hubiera estado adentro del camión?”, “¿y si se hubiera ayudado más rápido, la señora habría alcanzado a vivir?”, son algunas de las dudas que surgieron en las primeras horas de la tragedia.
En otra esquina de La Libertad se vivió una zozobra similar. La joven Daniela Largo fue rescatada viva luego de 36 horas bajo los escombros. La están atendiendo en el hospital San Jorge y mantiene conectada a equipos especializados debido a la gravedad de sus lesiones.

El hallazgo de Daniela fue en toda la esquina del parque, en el que si se camina más hacia el sector comercial se encuentra el hotel Dibeni. Allí varios viajeros quedaron atrapados y desde el primer momento se mantienen labores para intentar traerlos con vida. El panorama no es alentador. El intenso calor y la cantidad de escombros dificultaron las labores y en ocasiones se riega en la zona un fuerte olor a descomposición.
Entre los muertos recuperados está Juan Felipe Giraldo, un joven que se casaba el pasado fin de semana pero al que el terremoto le quitó la vida. La imagen en la que lo reportaban como desaparecido se regó por el centro de Pereira y su papá, Hernán, no descansó hasta no ver cómo salía el cuerpo de su hijo.

Quienes también tuvieron que presenciar la impactante labor de los socorristas para recuperar cuerpos fueron los familiares de Juan Fernando Rodríguez. La víctima había llegado a Pereira tres horas antes del terremoto y estaba alojada en la habitación 301, que da a un balcón. Sin embargo, sobre él cayeron cinco pisos que le quitaron la vida y llevaron a que su cuerpo quedara en alto grado de descomposición.
A una semana del terremoto, Pereira, Manizales y Armenia, así como otras zonas afectadas en el Eje Cafetero, entraron en la fase de socorrer a las víctimas con ayuda humanitaria, recoger los escombros, revisar las casas afectadas y reabrir los negocios.
Carlos López – @CarlosL49 – carben@eltiempo.com