Tanguí está a orillas del río Atrato, en el municipio del Medio Atrato, Chocó. Para llegar hasta allí desde Quibdó se necesitan cerca de dos horas por río, una distancia que ayuda a explicar por qué las emergencias de esta comunidad pueden tardar en recibir atención.
Ahora, sus habitantes enfrentan las consecuencias del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió al departamento el pasado 10 de agosto.
Según relató la creadora de contenido Andrea Rico, quien llegó hasta el lugar, “este pueblo sufrió el 90% de afectaciones”. Algunas viviendas quedaron destruidas por completo y otras presentan daños importantes en sus paredes internas.
“Quedé sin casa, los trastes de cocina, todo perdido”, relató una de las habitantes a Andrea Rico. Hay familias que perdieron sus casas y sus pertenencias, incluidos elementos básicos de cocina.
Antes del terremoto ya había otras dificultades
La resistencia de Tanguí también se ha dado frente a problemas que no tienen que ver directamente con el sismo. El puesto de salud, construido con apoyo de ACNUR, no cuenta con recursos suficientes para medicamentos, mientras que la escuela enfrenta dificultades para garantizar condiciones adecuadas de iluminación.

También está pendiente una solución para el acceso al agua. Los tubos de un acueducto prometido por el departamento llevan años sin ser utilizados, según el relato sobre las condiciones de la comunidad.
La situación económica tampoco es sencilla. En 2013, la Unión Europea entregó recursos para impulsar la siembra de 200 hectáreas de caña, uno de los cultivos tradicionales de Tanguí.
Sin embargo, cinco años después el trapiche utilizado para procesarla estaba fuera de funcionamiento y la comunidad no contaba con medios suficientes para comercializar sus productos.
Ahora necesitan reconstruir
El terremoto encontró a esta población en medio de esas dificultades. Las imágenes registradas por Andrea Rico muestran viviendas con paredes destruidas, familias que perdieron sus pertenencias y habitantes que tuvieron que pasar la noche en casas de vecinos.

“En este pueblo la energía es por generadores eléctricos comunitarios”, explicó Rico, quien señaló que estos funcionan con diésel o gasolina. Esta condición hace todavía más compleja la atención de una emergencia de estas características.
“Por el momento es la primera ayuda que viene a la comunidad”, explicó un habitante durante el recorrido por Tanguí, mientras la creadora hacía un llamado a llevar materiales de construcción y otros elementos básicos.
Mientras tanto, las actividades cotidianas continúan. En medio de las casas averiadas, algunas mujeres siguen elaborando productos tradicionales de caña, porque los gastos y las necesidades del pueblo no se detienen.
El terremoto, además, volvió a poner a Tanguí frente a una realidad que sus habitantes conocen desde hace años: la necesidad de permanecer unidos para salir adelante.
” data-instgrm-version=”14″ >Ver esta publicación en InstagramUna publicación compartida por Andrearico_24 (@andrearico_24)
Por eso, para quienes viven allí, regresar y reconstruir no es una decisión nueva. Es parte de una historia que se ha repetido frente a distintos golpes.
Hoy, mientras las familias intentan recuperar sus viviendas y sus pertenencias, Tanguí vuelve a resistir. Esta vez, frente a las paredes que cedieron con el terremoto y a una emergencia que se suma a años de dificultades. Su permanencia, una vez más, depende de que la ayuda logre llegar hasta este pueblo apartado del Chocó.
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MARÍA PAULA LOZANO
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL